La periostitis tibial de un corredor

Siguiendo con la serie de artículos que hemos comenzado sobre las lesiones más comunes que afectan a los corredores, vamos a hablar de otra de las que más guerra nos dan, la periostitis tibial. La periostitis tibial es una inflamación del periostio (tan molesto como malsonante), que no es más que la membrana que cubre los huesos y los une a los tendones, comúnmente en la tibia.

¿Cuáles son sus síntomas?

La periostitis tibial se caracteriza por un dolor en la parte interna de la espinilla que, en ocasiones, puede extenderse hasta llegar a la rodilla. La sensación más común es como si nuestra espinilla estuviera ardiendo. A diferencia de la fascitis plantar, el dolor desaparece en reposo siendo con actividad física cuando más se intensifica.

¿Cuáles son sus causas?

Muchas de las causas que provocan la aparición de esta lesión son exactamente las mismas que otro tipo de lesiones, por ejemplo la fascitis plantar, por lo que todos los buenos hábitos que podamos adquirir redundarán positivamente en evitar muchos tipos de lesiones. Algunas de las razones más comunes son:

Probablemente no exista una causa única para la aparición de la periostitis tibial aunque son muchos los que lo atribuyen a un calzado poco adecuado. Desde Running Asturias te aconsejamos que consultes con un especialista que pueda ayudarte a determinar las verdaderas causas de tu lesión.

¿Cómo prevenir la periostitis tibial?

Hay varias maneras de prevenir esta lesión:

  • Evitando en la medida de lo posible que todos nuestros entrenamientos sean en superficies demasiado duras.
  • Realizar un estudio biomecánico para poder elegir el material adecuado para correr.
  • Cuidar y trabajar la técnica de carrera.
  • Trabajos propioceptivos para fortalecer la zona.

¿Cómo tratar la fascitis plantar?

De nuevo, si no has podido evitar esta lesión puedes llevar a cabo una serie de medidas temporales como:

  • Reducir la intensidad de los entrenamientos.
  • Evitar las cuestas.
  • Evitar terrenos irregulares.
  • Aplicar hielo en la zona dolorida.
  • Estirar bien, sobre todo, el gemelo y el sóleo.

Si ésta va a más, algunos de los tratamientos más habituales para esta lesión son:

  • Masaje descontracturante.
  • Ultrasonidos en la zona dolorida.
  • Estiramientos de los músculos pedio, tibiales y triceps sural.
  • Masaje con hielo.
  • Vendaje funcional.
  • Kinesiotape.

Para no perder la forma física puedes cambiar tus entrenamientos a la piscina y una vez vaya remitiendo la lesión comenzar con trabajos en bicicleta estática o elíptica.

Y tú, ¿has tenido problemas con esta lesión? Cuéntanos tu experiencia.

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